EL DINERO Y LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD VISUAL
Introducción
Lo ideal es que las monedas posean diferencias perceptibles al tacto en sus
distintos valores y que los billetes tengan diferentes tamaños en cuanto a
su ancho y longitud, o, al menos, en una de las dos dimensiones. Como,
afortunadamente, entre las personas con discapacidad visual hay algunas que
tienen un resto visual útil, es muy importante que monedas y billetes posean
variaciones de colores con un contraste adecuado. Una situación muy
insatisfactoria la tenemos con los dólares estadounidenses que son iguales
en tamaño y en color. Sé que las personas ciegas practican estrategias
loables de ordenación mediante modos diversos de doblado según valores. Las
nuevas tecnologías de identificación de formas y de voz sintética permiten
que se produzcan a un costo bajo dispositivos de pequeño tamaño que leen el
valor de cada billete. En muchos países latinoamericanos se ha imitado el
modelo dólar. Salvo mediante los identificadores del valor de cada billete
con voz sintética, el paso a un sistema diferente es muy costoso. Sé que en
los Estados Unidos las dos organizaciones representativas de los intereses
de las personas ciegas ante la sociedad, la National Federation of the Blind
(NFB) y el American Council of the Blind (ACB) mantienen posturas
contrapuestas respecto a la superación de esta situación claramente
discriminatoria. La NFB, que defiende la imperiosidad de combatir todas las
discriminaciones de las personas ciegas basadas en concepciones erróneas de
lo que pueden y no pueden hacer las personas ciegas, piensa que el coste de
transformar lo que hay ahora sería demasiado elevado y que es mucho más
conveniente promover el que las personas ciegas apliquen las técnicas ya
existentes de clasificación de billetes por valores y se cuente con un
dispositivo identificador por voz. El ACB sostiene que también en Estados
Unidos han de producirse billetes con diferencias discriminables de tamaño y
color.
Los intentos de dotar a los billetes de distintos símbolos perceptibles al
tacto que se han aplicado en varios países no han tenido éxito. El uso de
los billetes hace que esos símbolos pierdan su valor identificativo a medida
que los billetes por el uso sufran procesos claros y rápidos de
arrugamiento. Recuerdo que en 2000 los canadienses estaban muy
entusiasmados, pues decían que ellos habían encontrado una fórmula para que
esos símbolos se conservasen aún tras el proceso rápido e inevitable de
envejecimiento de los billetes. No debía ser tan mágico su invento, pues sé
que abandonaron su esfuerzo hace unos pocos años.
Una casa austríaca productora de aparatos para ciegos, Caretec, ha
confecionado para diversas monedas nacionales unas plantillas, denominadas
"cashtest", que permiten identificar el valor de los billetes mediante un
sencillo proceso de doblado en las mismas. El borde del billete coincide con
una cifra en Braille indicativa del valor de un billete determinado.
El que las monedas tengan variaciones de tamaño, forma y color es sencillo.
La única dificultad que he podido contemplar en algunos países es que cuando
coexisten conjuntos de monedas antiguos y modernos a veces algunas piezas
que ya tienen un valor muy pequeño son iguales en cuanto a su tamaño que
otras nuevas mucho más valiosas. Es ridículo el intento que se ha hecho en
algunos países (italia, Perú, Costa Rica, y tal vez otros) de hacer monedas
con una inscripción en Braille de su valor. En los tres casos que yo
conozco, al tacto no se nota nada, y con la vista son sólo identificables
esas cifras con gran esfuerzo, casi es necesaria una lupa. Esas monedas se
han convertido en objetos preciosos para los coleccionistas numismáticos,
pero que nadie piense que tienen un valor inclusivo social para las personas
con problemas graves de visión o ciegas totales.
Actualmente, corren vientos que favorecen el que parlamentos y gobiernos
estén sensibilizados a adoptar determinadas iniciativas, que no son
costosísimas y que redundan en una imagen positiva de las autoridades
correspondientes ante la sociedad. Sé que en México se ha adoptado la
decisión de hacer que todos los billetes nuevos varíen en longitud según su
valor. Creo que ya hay algunos en circulación con estas características
diferenciadoras. En Costa Rica, hay una decisión parlamentaria para que los
billetes y monedas sean distinguibles al tacto. Conozco el tema de Costa
Rica bastante bien, pues el día 7 de marzo, justo unas horas antes de tomar
el avión para regresar a España, la directora del Patronato Nacional de
Ciegos, me acompañó a una entrevista con el Jefe de Tesorería del Banco
Central de Costa Rica para que yo le hablase de la experiencia que habíamos
tenido en la Unión Europea con la implantación de billetes y monedas de euro
totalmente accesibles para su identificación táctil. No tuve ninguna
dificultad en transmitirle un mensaje encaminado a que introdujesen medidas
realistas. Estaba él ya muy bien enterado de todo. Dijo que ya habían optado
por la diferencia de tamaños bien discriminables al tacto y que ya se había
decidido retirar de circulación algunas monedas antiguas de poco valor
monetario, pero con tamaños muy similares o idénticos a las nuevas de mayor
valor facial.
La introducción del euro
La introducción del euro en algunos países de la Unión Europea tuvo
características que favorecieron el que las monedas y billetes que
finalmente se pusieron en circulación en 12 países el 1 de enero de 2002 (en
enero de 2007 Eslovenia ha sido el país número 13 en entrar en la zona euro)
fuesen ya totalmente identificables al tacto. La Unión Europea de Ciegos
cuenta con una muy eficaz Comisión de Enlace con la Unión Europea y ésta
conoció que se iba a introducir el euro con varios años de antelación. Hubo
un grupo de trabajo específico compuesto por un representante de cada país
afectado que trabajó seriamente en elaborar especificaciones que por color y
características táctiles los nuevos billetes y monedas fuesen identificables
al tacto. El Banco Central Europeo fue recibiendo sucesivos informes de este
grupo de trabajo. Antes de la introducción efectiva del euro se hicieron
cursillos de identificación para los grupos más afectados (por ejemplo, los
vendedores del cupón de la ONCE en España) y en cada país se distribuyeron
gratuitamente calculadoras parlantes que convertían los valores en la moneda
vigente hasta entonces en el país en euros y viceversa. El Banco Central
Europeo encargó a Caretec que confeccionase una plantilla de su "Cashtest"
para identificar las monedas y billetes del euro. En España se confeccionó
una plantilla con la misma finalidad, inspirada en algunas cosas en el
cashtest, pero que, en realidad era más cómoda y efectiva que el cashtest
austríaco. El inconveniente fue que la tarjeta española no se patentó y la
austríaca sí. Hubo que retirarla de la circulación, pues el contrato entre
Caretec y el Banco Central Europeo incluía una cláusula según la cual se
entregarían a España gratuitamente varias decenas de miles de tarjetas para
repartirlas entre las personas ciegas en España. Yo me veo en la obligación
de decir que conseguí rescatar tres o cuatro de las tarjetas producidas aquí
y aún las utilizo a veces.
Los billetes de euro (cinco, diez, veinte, cincuenta, cien, doscientos y
quinientos) son todos de tamaño y color diferentes y el grupo de trabajo
adoptó un acuerdo sobre el perfil de diferenciación que era preciso que
hubiera entre los dos billetes de valores próximos para que las personas con
una habilidad táctil media pudiesen identificarlos. Se hicieron, no
obstante, esas plantillas con las que se puede saber en Braille qué valor
tiene un billete determinado, pues es innegable que hay personas que tienen
una capacidad de discriminación táctil superior a la media, pero también hay
otras cuya habilidad es inferior. Es cierto que muchos no pueden leer el
Braille, pero hemos de reconocer que las soluciones óptimas nunca existen.
Las monedas, que también pueden identificarse con la plantilla, tienen una
discriminación táctil aún más sencilla que los billetes. Actualmente, hay
ocho tipos de valores distintos. Las monedas poseen diferencias de tamaño y
las características de sus cantos tienen rasgos diferenciadores perceptibles
al tacto. Algunas casas produjeron incluso monederos con compartimentos
específicos para cada valor.
Es indudable que la experiencia europea de hacer que las personas con
discapacidad visual fuesen tenidas en cuenta con antelación suficiente en la
implantación de su divisa común constituye una de las páginas más positivas
en los esfuerzos para aplicar una auténtica inclusión social.
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