México Historia









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Históricamente el lenguaje signado ha sido rescatado por las iglesias, para así poderse comunicar con sus feligreses sordos. En 1555, en España, Pedro Ponce de León, de la orden Benedictina, utilizaba este lenguaje con las personas sordas, a fin de que participaran en la misa y que se confesaran. En su método incorporaba la dactilologia a la escritura y el habla.

Casi cuarenta años después de la muerte de Ponce de León, en 1620, Juan Pablo Bonet publicó un libro, que fué el primero en el mundo, en su género, sobre la educación de la presona sorda. Su técnica se basaba primordialmente en la articulación y no utilizaba la labiolectura.

Posteriormente, en 1755, la figura más relevante para las personas sordas fué el abad Charles Michel de L´Epée, quien fundó en París la primera escuela pública para personas sordas.

Su sucesor, el abad Sicard, quien había dirigido una escuela para personas sordas en Burdeos, intentó simplificar el frances en señas.

De visita en Inglaterra, Sicard conoció a Thomas Hopkins Gallaudet, vigoroso ministro congregacional, quien se encontraba en Europa, con el objeto de aprender un método de enseñanza para personas sordas, pues deseaba ayudar a la hija sorda de un vecino, de nombre Alice Cogswell. Sicard y dos de sus discípulos, Massieu y Clerc, se ofrecieron a enseñar su método a Gallaudet, en París.

Gallaudet volvió a Estados Unidos acompañado de Clerc y fundó en Hartford, Connecticut, en 1917, el Asilo Americano para la educación e Instrucción de Sordos y Mudos.
Un importante acontecimiento en la historia de la educación de las personas sordas, fué la fundación de la Universidad Gallaudet en Washington, D.C. en 1864, siendo, hasta la fecha, la única universidad para personas sordas, no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo.

En México, en 1905, el padre Camilo Torrente, de la orden de los claretianos, quienes dentro de su labor de apostolado tienen contemplado el trabajo con las personas sordas, fué el primero en preocuparse por las necesidades espirituales de ellos. En el Templo de San Hipolito empezó a impartir catecismo e instrucción religiosa, a travéz de sus señas, a un pequeño grupo de personas. Algunos de los sacerdotes que le sucedieron, continuaron con la misma forma de instrucción; sin embargo dicha labor fué suspendida posteriormente.

Fué hasta el año de 1939 cuando el padre Rosendo Olleta reestableció la atención a las personas sordas. Su obra más sobresaliente fué la formación de la Agrupación Social Cristiana de Sordomudos, a la que ayudaba económica y moralmente.

La gran demanda de atención requerida por las personas sordas, obligó al padre Olleta a buscar mejores métodos de instrución, llegando inclusive, a utilizar aparatos de fonética, a fin de lograr que las personas sordas emitieran voz.

Con Ayuda de las misioneras claretianas de Barcelona, España, consiguió un terreno donde, el 17 de abril de 1949, se colocó la primera piedra del edificio que albergaría al Primer Colegio Católico para Sordomudos. Lamentablemente con la muerte del padre Olleta la obra fué suspendida.

El padre Manuel Fierro reinició los trabajos del padre Olleta y, en su memoria, en 1955, fundó la "Escuela Academia para Sordomudos Rosendo Olleta", con 70 Alumnos.

El objetivo principal del padre Manuel Fierro, fué la enseñanza del habla a través de la emisión de sonidos articulados mediante la correcta posición de los labios y la lengua.

En 1967, el padre Angel Alegre Conde, sacerdote con pérdida auditiva casi total, asumió el cuidado de la escuela. Por razones obvias, se identificó en gran medida con la población de las personas sordas. Su trabajo abarcó no solo el aspecto religioso, sino también el social, el cultural y el físico. Sin embargo, su labor se ve suspendida al morir en abril de 1985.

Los Sacerdotes Anibal Carballo, Francisco Díaz y Martín Montoya, quienes conocen el lenguaje manual, fueron los encargados de brindar los servicios a las personas sordas, con el respaldo del padre Macario Sánchez; continuando así, la labor del padre Alegre.

El objetivo primordial del Instituto Rosendo Olleta es el desarrollo integral de la persona sorda; para ello maneja, indistintamente, el lenguaje oral y el lenguaje manual durante la instrucción. Este sistema combate la idea de que las personas sordas jamás hablarán si se comunican únicamente con lenguaje manual.











Publicado el: 2003-07-23 (21 Lecturas)

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